pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre el mar”
caminos sobre el mar”
… así empieza el verso del maestro Machado, su obra
perenniza los caminos de cualquier viajero. Yo solo leo una y otra vez aquel
inicio, tomando pequeños segundos para meditar y dar un fuerte respiro que
viene acompañado con empuñar mi maltrecha mochila y llevar a la vida aquellas
letras no muertas.
Es julio, el octavo día del mes. Lucho y Alex
regresan de hacer su propio paso por los caminos olvidados del Apu Ausangate,
llegando a una altura máxima de 5200msnm, en el paso Palomani. Una conversación
y unas cervezas hacen nacer la idea del Nevado de Salcantay, pasar del nevado a
la selva y de ahí coronar el viaje con la montaña Machupicchu.
Hemos salido hoy, y nuestro andar nos ha llevado
a Mollepata (ruta particionada del afamado Camino Inca). El cansancio y la fría
noche nos lleva a preguntar frenéticamente por alojamiento u hospedaje barato,
dicen que una cosa siempre lleva a otra y el cansancio nos lleva a tener argumentos
insanos de comida caliente y mate de coca.
Un señor pintando una bodega, preguntas, saludos
y bendiciones de la ruta son todo lo que esta noche nos ha concedido.
Julio, Cusqueño de 28 años, con tres hijas, y una
señora que se encargará en unas semanas del negocio que le ha llevado un par de
meses sacar adelante con algunos ahorros. Julio nos llama “papa” y nos invita a
pasar a su “bodega-restaurante y casa”. En las mesas que adornan la bodega-restaurante
hay dibujos a lápiz de incas y un mapa que indica la ruta a seguir para bordear
el Apu (la denominación “Apu” significa deidad. Nuestros antepasados Incaicos y
actuales hermanos de cierra siguen considerando a las montañas deidades que
proporcionan seguridad, grandeza, recursos y hasta fertilidad). Julio nos
ofrece piso para tender las bolsas de dormir y descansar esta noche y café
caliente para aclarar las penas del alma y el cansancio. Sus niñas descansan en un mueble algo
pequeño para su tamaño, él besa sus frentes y acaricia sus cabellos, para luego
hacer un sitio donde sentarnos, prende el televisor y sintoniza el futbol (Perú
vs. México). Su cordialidad no tiene fronteras, el nos pregunta si somos de
Brasil o del vecino país cafetero, no sé porque lo pregunta pero solo atinamos
a contestar con una negativa, yo rio en un silencio confuso… (pues esta no es
la primera vez que hermanos peruanos confunden mi proceder)
[…] - Un limeño y un Chinchano repite Julio,
moviendo la cabeza, luego de algunos minutos de conversa.
